Entra en un vagón

domingo, 3 de junio de 2012

Vagón 37. De vuelta al vagón

Juan entró en el vagón como un remolino. Su infinita sonrisa en aquel rostro arrebatado evidenciaba un encuentro afortunado con la felicidad.

—Tenías que haber bajado, Julia.

—Estás empapado —advirtió la mujer de los juegos sin poder contener el contagio de la alegría de Juan—. Voy a buscarte ropa seca.

—¿Qué has hecho? —preguntó Julia interesada.

—Un muñeco de nieve. ¡Y una pelea de bolas! Y ángeles. ¿Tú sabes hacer ángeles en la nieve?

—Sí. —Julia estira su cuello y asoma la cabeza sobre Juan para ver dónde está la mujer de los juegos—. Me ha dicho cómo se llama —le dice a Juan susurrando.

—¿Sí? ¿Cómo?

—Pues muy fácil, te tumbas en el suelo y mueves los brazos y las piernas. —La pequeña ha vuelto a alzar la voz y levanta las cejas repetidas veces mirando a Juan.

—¿Ángeles en la nieve? No me extraña que estés empapado. Anda, cámbiate —dice la mujer alargándole la ropa al muchacho.

—Pues me lo he pasado muy bien. Tenías que haber bajado, Julia, te habrías divertido.

—A mí no me gusta la nieve, está fría y además moja. Mira cómo te has puesto —al decirlo, Julia se hizo un ovillo, como si el frío que debiera sentir Juan lo estuviera pasando ella.