Entra en un vagón

sábado, 28 de enero de 2012

Vagón 37. Oscuridad completa

El grito de Julia rompió el monótono sonido del tren. La mujer se despertó asustada.

—¿Qué te pasa? ¡Mierda! ¡Las luces! —El vagón estaba completamente a oscuras— Tranquila cariño.
—¿Mamá?
—Soy yo, mi vida. Estoy aquí. —Al intentar agarrar a la niña, ésta volvió a gritar y se alejó de ella.

—¿Está el tío Carlos? Dile que se vaya —Julia rompió a llorar—. Dile que se vaya, mamá.

—No está, cariño. No está. —La mujer alargaba sus manos intentando localizar a la niña—. No tengas miedo Julia, no soy mamá, soy yo. Era un sueño, mi vida. Estamos en el tren, ¿te acuerdas? Aquí sólo estamos Juan, tú y yo. Es nuestro vagón.

Julia cambió su llanto por unos gemidos ahogados y extendió sus brazos para encontrar los de la mujer.

—Ya, mi vida, ya… —al conseguir tocarla tiró de ella para abrazarla— No va a pasar nada, no tengas miedo. ¿Y Juan?

—No sé.

—¡Juan! ¡Juan! ¿Dónde estás, Juan? ¡Contesta!

La puerta del vagón se abrió. Apareció una sombra con una luz de linterna alumbrando la estancia.

—¿Están bien?

—¡No! ¡No estamos bien! —la mujer gritaba furiosa— ¡Se han fundido todas las bombillas y no encuentro a mi niño!

—Ha habido un fallo eléctrico, estoy llevando linternas a todos los vagones.

—¡Traiga esa linterna! ¡Hay que encontrar al niño!

—Está ahí, señora.

Juan estaba hecho un ovillo en uno de los asientos, con los ojos muy abiertos, no parecía molestarle la luz directa sobre sus ojos.

—¡Cariño! ¿Estás bien? ¿Te has asustado?

—No, no me he asustado. ¿Estoy castigado?

2 comentarios:

Pedro Luis López Pérez dijo...

Muy buen relato. LLeno de incertidumbre, de viejos y oscuros temores. El cariño y la comprensión de una madre y el miedo de su hija, con la inocencia y calma de Juan.
Precioso.
Un abrazo.

convoy89 dijo...

Fíjate bien, Pedro Luis, en toda la historia del vagón 37. Ella no es su madre y ellos no son sus hijos. : )