Entra en un vagón

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miércoles, 6 de junio de 2012

Locomotora. Caronte

Como una ferralla perezosa, la máquina se ha puesto a rodar una vez más. Ahora el tren avanza a velocidad constante, como alegre de desgastar los raíles de la vía. El maquinista es un tipo con suerte, dijo el doctor. Sin ser enterrado en la nieve, la fiebre se lo hubiera llevado con ella hasta el abismo que dicen que hay al final de los mapas. Como un capitán Ahab rejuvenecido, asegura a voz en grito que si para cruzar la Estigia hiciera falta un tren en lugar de una barca, él sería elegido Caronte. No anda desencaminado, porque parece que no hay más trenes en esta tierra yerma, y esta tierra yerma cada vez se parece más a los infiernos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Locomotora. Volver a estar en marcha

La recuperación ha sido espectacular. El maquinista, hasta hace un rato zombi febril, está ahora como una lechuga, dispuesto a poner pronto este convoy de nuevo a volar sobre los raíles. El revisor y el doctor han hecho inventario de los víveres conseguidos, con ayuda de algunos pasajeros que todavía trajinan pie a tierra. Dicen que en unas horas podremos volver a estar en marcha. Pronto tendré los armarios del restaurante repletos de nuevo. Ha sido un día divertido. Hacía siglos que no jugaba en la nieve.

martes, 1 de mayo de 2012

Locomotora. La granja

Por desgracia hemos parado en un páramo. El doctor y la camarera han bajado al maquinista y lo han enterrado en la nieve, para que le baje la fiebre.

Yo he ido a la única edificación a la vista, una granja cercana, para ver qué encontraba. Era de esperar que estuviera abandonada, pero no ha dejado de sorprenderme encontrar toda esta cantidad de latas y frascos de conservas. Los habitantes de la granja pensaron que sobrevivirían con todas esas existencias, claro, pero no había ni rastro de ellos. Con ayuda de algunos pasajeros hemos traído todo lo que hemos encontrado en la granja que fuera comestible.

El maquinista, cubierto por completo de nieve, ha podido por fin descansar.

domingo, 15 de abril de 2012

Locomotora. En unos minutos estaremos parados

El tren va en piloto automático. El maquinista empeora. También hay problemas con los suministros. Así que no sé qué es más preocupante, si la velocidad del tren o la escasez de comida. El doctor dijo que quería enterrar al maquinista en la nieve, para hacer que la fiebre remitiese. Yo le respondí que si sabía él cómo se paraba el tren, adelante con el entierro.

El maquinista ha desarrollado pústulas y escaras. Dice el doctor que si fuera contagioso ya estaríamos todos infectados. A base de bofetones hemos intentado que nos explique cómo se para el tren. Parece que ha reaccionado y señala una de las palancas, la más grande, a la derecha del tablero de control.

Al tirar de ella, el tren ha comenzado a detenerse con cierta brusquedad. No ha sido un frenazo, pero es evidente que en unos minutos estaremos parados.

lunes, 19 de marzo de 2012

Locomotora. Sanguijuelas

Hemos atado al maquinista a unos tubos de cobre, al fondo de la locomotora. Incluso la tímida camarera ha venido desde el vagón restaurante para ayudarnos a ajustarle las correas.

Todavía no sé que le ocurre a este hombre sucio y febril. Le he administrado láudano y ahora en lugar de cantar, balbucea. Si tuviera, como antes tenía, mis escáneres, mis placas, mis tacs, mis ecografías… podría hacerle más pruebas, por si fuera algo neurológico. Ni siquiera puedo hacerle un miserable análisis de sangre.

–Doctor, aquí en este armario guardamos algo de material sanitario.

–A ver, muéstreme.

El revisor se ha limitado a sacar de uno de los armarios un bote con sanguijuelas y unos rollos de esparadrapo.

–Pero… ¿qué pretende que haga con eso, hombre de dios?

–No sé. Mi trabajo es sellar billetes. Como mucho puedo dedicarme a la intendencia, como requieren las circunstancias. Pero las cuestiones médicas son cosa suya… Esto es lo que tenemos.
Resignado, me vuelvo hacia el maquinista. Cuando ha echado el ojo al bote de sanguijuelas arremolinadas se ha puesto a cantar "al pasar la barca me dijo el barquero". Me pregunto qué lógica sigue ahora la cabeza del hombre que hacía funcionar este tren.

–Si pudiéramos sacarlo a la nieve, seguro que le bajaría la fiebre…

jueves, 15 de marzo de 2012

Locomotora. Tengo una muñeca vestida de azul

El maquinista está peor. Sigue delirando y queriendo quitarse la ropa. Profiere obscenidades sin ton ni son, entre canciones infantiles. Ayer, en un descuido del doctor, huyó en calzoncillos de vagón en vagón, corriendo como un poseso y cantando el “tengo una muñeca vestida de azul”, a saber por qué. No le hemos alcanzado hasta el vagón restaurante. Estaba ya sin calzoncillos, delante de la pobre y abochornada camarera, bailando como una salchicha en un sartén. Había cambiado de canción. Ahora cantaba “el patio de mi casa”. Los clientes huían como de la peste.

sábado, 3 de marzo de 2012

Locomotora. Fiebres

El maquinista sufre unas extrañas fiebres. El doctor le ha desabrochado la camisa negruzca y le ha auscultado con calma, atento a los sonidos de sus entrañas. Empezó a delirar y a gritar obscenidades por la ventana de la locomotora. Mientras no se reponga no podremos parar en ninguna estación, porque sólo él sabe cómo funciona el tren. Estoy preocupado por los pasajeros. Más que por el tiempo. 

viernes, 10 de febrero de 2012

Locomotora. El tiempo en una fondue

Acabo de volver del vagón en el que viaja la madre con los niños. La mujer me ha preguntado si se iba a solucionar pronto lo de la luz.

—Señora, hace varios días que hemos salido del túnel—he dicho con cara de póquer.

Ella ha echado un ojo a los niños, como para cerciorarse de que no escuchaban lo que iba a decirme.

—Oiga, ¿no ve que las lámparas están apagadas?

—Señora, es de día. Las apagamos siempre cuando es de día.

Ella ha echado un ojo a los niños, como para cerciorarse de que no escuchaban lo que iba a decirme.

—Me temo, señor revisor, que en este vagón todavía no hemos salido del túnel.

—Señora, hace varios días que hemos salido del túnel—he dicho con cara de póquer.

Ella ha echado un ojo a los niños, como para cerciorarse de que no escuchaban lo que iba a decirme.

domingo, 5 de febrero de 2012

Locomotora. Hágase la luz

Por increíble que pueda parecer, cada vez que pasamos por este túnel tardamos un día más en salir que la vez anterior. Calculaba unos siete días y han sido ocho. El maquinista asegura que el tren va a una velocidad constante, siempre la misma. Total, no hay nadie en la mayoría de las estaciones y los pasos a nivel han pasado a la historia. Además, me dice, ¿para qué iba a frenar si lo importante es salir de la oscuridad cuánto antes? Tiene razón. Debe haber sido un error mío de cálculo. La próxima vez estaré más atento.

domingo, 22 de enero de 2012

Locomotora. El revisor

Aquí en la locomotora hace un calor infernal y más atravesando este maldito túnel. Me recuerdan ambos a mi juventud. Fui maquinista de trenes de carbón, a vapor. Un trabajo duro y sucio. Cluroso y oscuro, como esta locomotora, como este túnel.

No soy como ese señoritingo del revisor que se pasea abotonado hasta la nuez de cabo a rabo del convoy, aparentando que se preocupa por los pasajeros. A veces las apariencias engañan. Cualquiera de los pasajeros sabe de qué estoy hablando.

martes, 3 de enero de 2012

Locomotora. El túnel

Aquí en el tren se dice que no hay dos túneles iguales. Pero es tan falso como que la nieve es roja, o que una pluma cae a plomo, o que este tren acabará. Porque todos los túneles son iguales, excepto uno. Tardaremos aún siete días en llegar, y luego siete días en atravesarlo. Hay muchos viajeros a los que no les importa, pero yo siempre tuve miedo a la oscuridad.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Locomotora. El maquinista

El maquinista es un hombre rudo. Se podría jurar que lleva toda la vida en los trenes de vapor, echando hulla a la caldera de la locomotora, y que este es su primer encuentro con los mandos de un tren de los de ahora. Si en lugar de la fina camisa y la gorra de capitán de barco se vistiera con un mono azul, parecería recién salido de un turno de 12 horas en un alto horno. Incluso su cara tiene manchas negras, como de carbón. Dice a todas horas que en el tren hace un calor insoportable, pero sólo es impresión suya, como si tras de sí tuviera la caldera incandescente que hacía desperezarse y caminar antiguamente a los trenes. Lo cierto es que en los vagones la temperatura ha bajado. Y es el termómetro exterior, sobre todo, el que ha caído estrepitosamente.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Locomotora. Las mantas

El tren viaja a una velocidad media de 78 km/h. La última parada se hizo hace unos días para reponer al convoy de comida, agua y otras necesidades ineludibles. También se consiguió cargar un cajón con mantas, que deberán ser suficientes para todos los viajeros. El invierno se acerca y por las tierras en las que nos adentramos va a hacer frío, mucho frío. El maquinista dice que a él no le hacen falta mantas, que en la locomotora hace un calor insoportable. Pero en los vagones no podrán decir lo mismo. Necesitábamos esas mantas.