Entra en un vagón

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lunes, 4 de junio de 2012

Vagón 42. Otra vez en la ventanilla

Marta se arrodilla frente a la ventanilla con las piernas bien separadas, se pasa el pelo por delante para cubrirse los pechos y que no se los vean desde el exterior del tren, y apoya las manos contra el cristal. Ester se va deslizando hasta quedar tumbada boca arriba con la cabeza entre las piernas de Marta. Marta, desde encima, mira dulcemente a Ester y le dice:

-Te deseo mucho pero aún te quiero muchísimo más.

Ester le busca el puntito con la lengua y, al encontrárselo, se lo llena de besos sonoros. Marta sonríe. Ester empieza a olisquearla y a soplarle entre las piernas y Marta exclama:

-Uy, uy, uy, uy…

-Si aún no he empezado…

-Pero te siento muchísimo y sé que voy a formar un escándalo. Espera un momento.

Marta se incorpora, acude al rincón donde Ester ha dejado bien doblada su ropa y coge las braguitas. Vuelve a su posición y dice:

-Así nadie me oirá gritar.

Y se mete las braguitas de Ester en la boca. A Ester le da la risa viendo cómo sobresalen de los labios de Marta y, cuando se le pasa la risa, empieza a subirle por la cara interna de los muslos mordiéndoselos. Al llegar a las ingles le pasa la lengua y oye un sonido que no consigue salir de la garganta de Marta:

-Mmmmmmmm.

Por fin Ester le alcanza el centro con la lengua y le va subiendo y bajando despacio. Mira a Marta a los ojos y la ve muertecita de placer. Ester sigue moviendo la lengua, se la lleva hasta el puntito y empieza a dar vueltas. Marta empieza a moverse nerviosamente y Ester la coge de la cadera para fijarla y que no se le escape de la punta de la lengua. Se siguen mirando. Ester, al ver cómo Marta aprieta los dientes mordiendo las braguitas, le siente los dientes acariciándole las entrañas y se estremece, Marta se quita las bragas de la boca y dice:

-¡Ester! 

martes, 29 de mayo de 2012

Vagón 42. Recuperando el tiempo perdido

Marta y Ester están desnudas y llevan rato mirándose el cuerpo y acariciándoselo. Marta se da la vuelta y Ester le pasa la mano por la espalda. Luego Marta se pone a los pies de Ester y se los acaricia. Se están resarciendo de los días de racionamiento en que hasta las miradas y las voces se reprimían. Había sido idea de Marta:

-Lo vamos a hacer como yo diga, sin emocionarnos mucho, sin gritar y sin movernos como locas. Cuantas más calorías ahorremos, mejor. Ah, y tú te quitas sólo la falda y yo me quito sólo el pantalón.

Ester se había quedado mirándola como pensando que se había vuelto loca:

-Pero si siempre lo hemos hecho desnuditas del todo…

-Pues mientras dure el racionamiento, no. Por lo que he dicho de no emocionarnos, que si te veo los pelillos, los pezones, el ombligo o los pies me entra un no sé qué que empiezo a morderte y se me van todas las energías.

-¿Si me ves los pies también?

-Pues claro, que los tienes muy bonitos.

Por eso llevan rato con la mirada de la una paseando por el cuerpo de la otra, porque ahora ya no hay barreras. O se miran a los ojos en actitud desafiante a ver cuál de las dos va a ser capaz de provocar más placer en la otra. Por fin Marta se sube al cuerpo de Ester, Ester se aferra a ella con los brazos y las piernas y empieza a moverse para frotar su cuerpo contra el de Marta. Marta le da un beso dulce y, al acabar, le dice en voz baja al oído:

-¿Y esa chupadita que me has prometido?

-Pues ya te estás poniendo contra la ventanilla.

viernes, 25 de mayo de 2012

Vagón 42. De vuelta a las andadas

El abuelo estaba preocupado. Las dos últimas veces que había encendido el ordenador para comprobar por los monitores del vagón 42 cómo les iba a Marta y a la otra figurita se las había encontrado formalitas: vestidas, sentadas y hablando. Nunca antes las había visto así; es más, nunca antes las había visto vestidas.

El abuelo se había quedado mirándolas y escuchando lo que decían para ver si se enteraba de lo que les ocurría. Pero estaban calladas. Dedujo que no se habían peleado porque estaban sentadas una junto a la otra y cogidas de la mano pero se extrañó de que no se besaran ni se acariciaran.

El abuelo no sabía que se estaban conteniendo por la falta de alimentación y ahora ya está tranquilo porque acaba de encender el ordenador y las ha vuelto a encontrar desnudas. Ester está tumbada boca arriba mientras Marta, recostada a su lado, la mira y le acaricia los pelillos con el dorso de la mano. El abuelo escucha. Y Marta dice:

-Tienes un cuerpo precioso.

-Pues tú más.

-No, tú más.

-Que no, que tú…

sábado, 28 de abril de 2012

Vagón 42. Galletas María

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Ester y Marta van cogidas de la mano y dando saltitos por el pasillo del tren hacia el vagón restaurante. Están contentas porque por fin el tren ha logrado parar y aprovisionarse. Así podrán –piensa Ester–hincharse de calorías para poder dedicarse a lo suyo.

Han pasado varios días racionándose también los cuerpos la una a la otra. El revisor, que las aprecia, fue a verlas el día antes. Como no quería interrumpirlas en plena faena se detuvo un momento a escuchar desde detrás de la puerta del compartimento, las oyó hablar y dedujo que estaban sentadas. Llamó con los nudillos, abrió la puerta y se las encontró efectivamente sentadas una junto a la otra, cogidas de la mano y con Marta apoyando la cabeza en el hombro de Ester:

-Buenos días, señoritas.

Se incorporaron y dijeron las dos al unísono:

-Buenos días, señor revisor.

-Les traigo una botella de agua mineral y una bolsa de galletas María.

Ester, que había quedado convencidísima de las explicaciones de Marta sobre la necesidad de ahorrar calorías, dijo:

-Preferimos que se las dé a los niños, que gastan muchas calorías correteando por los pasillos del tren, ¿verdad, Marta?

-Sí, señor revisor.

-A los niños ya les he dado y aún quedan algunas cajas de galletas que hemos guardado como última reserva. Así que éstas son para ustedes.

Las dos al unísono:

-Pues muchas gracias, señor revisor.

Entonces Ester preguntó:

-¿Es verdad que el tren no puede parar porque el maquinista está enfermo y nadie sabe cómo funciona la locomotora?

-Sí, señorita.

-¿Quiere que vayamos nosotras y empecemos a tocar botoncitos a ver si para?

-Ya hemos probado de todas las maneras.

Pero ahora ya está todo arreglado. Por fin lograron que el maquinista, a pesar de estar enfermo, explicara cuál era la palanca precisa para detener el tren. Y Ester y Marta siguen dando saltitos por el pasillo del tren. 

viernes, 20 de abril de 2012

Vagón 42. Castidad

Ante la escasez de comida, Marta y Ester han decidido racionar también la expansión de sus cuerpos para ahorrar calorías y hacerlo sólo una vez al día antes de la siesta. Están sentadas frente a frente, Ester apoya la cabeza en la ventanilla y, como aún es primera hora de la mañana, pregunta:

-¿Y mientras tanto qué hacemos?

-Pues de momento, quedarnos vestiditas porque si nos desnudamos nos vendrán las ganas. Tampoco podemos darnos besitos y caricias porque también nos vendrán las ganas. Entonces podemos hablar; pero de cosas dulces, no de lo que nos gustaría hacer ahora.

Ester se queda pensando y dice:

-Pero cuando el tren pare y ya haya comida podemos estarnos un día entero haciéndolo, ¿o no?

-Si te acabo de decir que no hablemos de lo que nos gustaría hacer, que me vienen las ganas y hemos de aguantar hasta después del mediodía…

Ester vuelve a quedarse pensando y dice:

-Si el tren no puede parar y nos morimos de hambre, yo me quiero morir abrazada a ti.

-Tampoco hace falta que te pongas trágica.

-Pero si es verdad. Y quiero que me cierres los ojitos.

-¿Y a mí quien me los cierra?

Ester vuelve a pensar y acaba diciendo:

-Tú me los cierras a mí, luego yo te los cierro a ti. Y después, nos abrazamos bien fuerte y ya nos podemos morir tranquilas. Pero antes nos vestimos para estar decentitas cuando nos encuentren.

A Marta le da la risa y contesta:

-Ah, no. Si nos morimos abrazadas quiero que estemos desnudas para sentirte el máximo de piel en mi piel. Y que nos encuentren como nos encuentren. 

jueves, 19 de abril de 2012

Vagón 42. Ante el racionamiento

Marta y Ester llegan al vagón restaurante a desayunar y lo ven vacío. La camarera les dice que no puede servirles el desayuno porque hay un problema y se está acabando la comida. Ellas no preguntan más porque algún rumor les ha llegado de que algo pasa y saben que el tren lleva muchos días sin parar y no puede haberse abastecido.

Vuelven de la mano hacia su vagón y Marta parece pensativa. Al entrar en su compartimento Ester, como cada día, empieza a desabotonarse la blusa para desnudarse pero Marta le pide que espere. Luego recogen la manta y entre las dos echan atrás los asientos para reconvertir la cama en los seis asientos del compartimento. Ester pregunta:

-¿Qué pasa?, ¿hoy no toca?

Marta se sienta junto a la ventanilla de espaldas a la máquina y pide a Ester que se siente frente a ella. Entonces Marta dice:

-No sabemos cuánto va a durar la falta de comida y tú y yo gastamos muchas calorías con lo nuestro. Así que habrá que racionarlo.

-¿Racionarlo?, ¿cómo?

-Pues, mientras no haya comida, haciéndolo una sola vez al día. Al mediodía es el mejor momento, antes de la siesta. 

lunes, 9 de abril de 2012

Vagón 42. Amores y placeres en el túnel

Ester acaba de descargar todo su placer y, cuando recupera el aliento, pone su mejilla junto a la de Marta y luego le dice al oído derecho:


–Cada día te quiero más.


Luego se va al oído izquierdo y le dice:


–Ahora te toca a ti.


Y, Marta, aunque arde en deseo, contesta:


–Pero como te tenía de espaldas y no te veía la cara, quiero que antes nos miremos un ratito a los ojos.


Ester se levanta y se pone de rodillas en el suelo frente a Marta, que sigue sentada junto a la ventanilla. El tren sigue en el túnel. Ester tiende las dos manos a Marta, Marta se las coge y se miran a los ojos. Calladas pero hablando con la mirada. Tanto, que Ester lee el deseo en los ojos de Marta. Le gusta sentirse deseada. Por eso dice:


–¿Cómo quieres que te lo haga?


–Tú misma, a ver qué te inventas.


–Es que me gustaba mucho sentirte el cabello en los pechos.


Ester se vuelve a sentar de espaldas sobre Marta, enrosca sus piernas alrededor de las de ella y Marta deja caer otra vez su cabello sobre los pechos de Ester. Ester se chupa el dedo y luego se inclina hacia delante para poder alcanzar el placer de Marta. Cuando lo alcanza Marta dice:


–Yo también te quiero más cada día.

jueves, 5 de abril de 2012

Vagón 42. Aún en la ventanilla

Ester sigue sentada sobre Marta y meciéndose a derecha e izquierda para acariciarle con la espalda los pezones. Y Marta sigue jugando con la mano entre las piernas de Ester. Marta acaba de preguntarle a Ester si le gusta lo que le está haciendo:

–Mucho, muchísimo. Me gusta todo lo que hacemos siempre. Antes de que llegaras, los días que tenía ganas apagaba la luz, me escondía debajo de la manta, me ponía yo sola y en dos o tres minutitos estaba lista. Pero ahora contigo me gusta estar mucho rato porque me lo haces muy bien. Será por eso que tengo ganas siempre. O porque como eres tan guapa y tienes un pelo tan bonito…

–Pues no parece que te guste.

–¿Por qué, porque no me pongo ruidosa? Espera y verás cómo viene a reñirnos el revisor.

Pero Marta no espera. Ya conoce los resortes de Ester y sabe perfectamente cómo acelerarla. Por eso, al momento le hace perder el ritmo de su vaivén y la tiene moviéndose en desorden. Un poco más y ahí están todos los ay, ay, ay de Ester que, cuando recupera por un momento el habla, dice:

–¡Marta!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Vagón 42. El mundo dentro del mundo

Marta sigue sentada junto a la ventanilla y Ester sigue sentada sobre ella. Marta está acariciando a Ester mientras Ester se va a meciendo a un lado y al otro y rozando con la espalda los pezones de Marta. Marta para un momento, se coge el cabello, se separa en dos la melena y deja caer cada mitad por encima de los hombros de Ester hasta cubrirle los pechos. Y Marta dice:

-Porque si hay alguien fuera yo tampoco quiero que te vea desnuda.

Luego sigue acariciando a Ester mientras Ester sigue moviéndose. De repente, entran en un túnel y, al cabo de un momento, Marta se queda parada y dice:

-Pues si en el furgón de cola hay una maqueta de tren eléctrico…

-Bueno, también dicen otra cosa, que dentro hay gente jugando una partida de dominó que empezó el día que salió este tren, pero no sé de nadie, ni siquiera el revisor, que sepa ni cuándo ni de dónde salió. Ese vagón, el 89, es muy misterioso y me parece que por eso este tren se llama el Convoy89.

Marta insiste:

-Pero si hay una maqueta de tren eléctrico que es como este mundo en miniatura, si vamos y miramos habrá un tren como éste y, en el vagón 42, dos figuritas como nosotras. Podríamos ir a espiarlas para ver si lo hacen mejor que tú y yo.

Entonces Ester se queda pensando y dice:

-Pero nadie tiene la llave del vagón. Además, si fuéramos a mirar qué hacen las figuritas que son como nosotras, como su mundo es igual que éste en pequeño, ellas estarían haciendo lo mismo que tú y yo, mirando en su furgón de cola qué hacen otras figuritas aún más pequeñas y también como nosotras.

Marta se queda pensando un rato largo y acaba por decir:

-¿Sabes qué? Que lo mejor es que sigamos por donde íbamos.

Ester vuelve a mover la espalda para rozar los pezones de Marta y Marta sigue acariciando suavemente y muy despacio a Ester. Al cabo de otro rato, como Ester ni suspira ni dice esos ay, ay, ay que tanto le gustan a Marta, Marta le pregunta:

-¿Te gusta lo que te hago?

domingo, 18 de marzo de 2012

Vagón 42. Misterios

Marta y Ester descansan tumbadas tal como las acaba de ver el abuelo. Desnudas y mirándose a los ojos. Luego se incorporan y, mientras Marta recoge las mantas, Ester separa hacia atrás los asientos para reconvertir la cama en un compartimento de seis plazas. Marta se sienta junto a la ventanilla de espaldas a la máquina y Ester se sienta encima dándole la espalda y enroscando sus piernas con las de ella. Juntan las mejillas y contemplan el paisaje calladas. Sigue nevando.

El tren traza una curva de radio muy amplio y entonces Marta dice:

-¡Qué raro! Ayer me fijé en que el último vagón era muy moderno y ahora veo que al final de todo hay un furgón de cola antiguo. Y desde ayer no hemos parado.

Y Ester contesta:

-Porque en este tren pasan cosas muy raras. Dicen que a veces unos vagones del tren entran en un túnel y los otros no.

-Pues eso es imposible.

-Tan imposible como ese furgón de cola que aparece y desaparece. Y siempre está cerrado. Dicen que dentro hay un niño que juega con su abuelo con una maqueta de tren eléctrico que es una copia en miniatura de este mundo en que nos movemos nosotras.

-¡Qué raro es todo!

Y Ester dice:

-Pero nosotras vamos a lo nuestro, ¿o no?

Entonces, desde encima de Marta, tuerce el cuello y le busca los labios. Luego dice:

-¿Me tocas un poquito?

-Bueno.

-Pero sólo un poquito. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Vagón 42. El calcetín

El abuelo ha llegado a casa de mal humor. Porque su compañero de dominó le ha reñido. Y con razón: no tenía que haberse doblado al cuatro en aquel momento y facilitado el dómino a los contrarios. A partir de ese momento todo ha transcurrido según la vieja creencia entre jugadores de dominó: si uno de los dos compañeros que forman la pareja comete una quebrada, o sea un error, a partir de ahí las fichas se les pondrán en contra a los dos. Así ha sido: luego todo han sido dobles y fichas cruzadas.

Por eso intenta relajarse. Se sirve un lingotazo de whisky, entra en la habitación del nieto y se sienta frente a la maqueta del tren eléctrico. Mira el discurrir de los trenes pensando en Marta: duda si encender el ordenador para buscar la cámara de su compartimento y comprobar lo que hace. No quiere interferir en su intimidad si está enlazada con su compañera pero a la vez quiere saber que las dos están bien y felices.

De momento se limita a mirar la zona más alejada de la maqueta por donde corre el tren de Marta. Va contando los vagones para localizar su número, el 42, y se detiene ante algo raro que ve unos vagones más adelante, algo que cubre el vagón 37. ¿Eso no es un calcetín? Si será descuidado mi nieto… Va hacia esa zona de la maqueta, coge el calcetín sin detener el tren y lo lleva al lavadero, a la cesta de la ropa sucia.

Vuelve a la habitación del nieto y decide encender el ordenador. Busca el vagón y el compartimento de Marta, lo encuentra y mira. Ahí están las dos figuritas tumbadas de medio lado, desnudas, mirándose a los ojos y acariciándose las mejillas.

El abuelo apaga el ordenador y bebe otro trago de whisky.

sábado, 10 de marzo de 2012

Vagón 42. Celos

Marta y Ester vuelven de desayunar, entran en su compartimento y Ester cierra la puerta. Se tumba y, cuando Marta se pone junto a ella, Ester, mirándola a los ojos, le dice:

-En el vagón restaurante hay un chico que te mira mucho.

-Sí, ya me he fijado.

-Como eres tan guapa y tienes un pelo tan bonito… Pero yo soy muy celosa y me entran ganas de arrancarle los ojos.

-Si yo sólo te quiero a ti.

-Bueno. Yo también te quiero mucho. Imagínate si te que quiero que, si ahora el tren se parara y nos bajáramos, fuera también te querría.

Marta se ríe y la besa. Luego, Ester sigue:

-Y si estuviéramos fuera del tren me gustaría que lloviera para oler la tierra mojada y andar las dos descalzas.

-O para tumbarnos en la playa y querernos quietas y con los ojos cerrados.

-Pero no te dejaría ponerte en top less.

Marta se vuelve a reír y la vuelve a besar:

-¿Y si nos metiéramos en el agua y nos alejáramos de la orilla?

-Entonces sería yo la que te quitara las dos piezas del bañador.

Marta se vuelve a reír y, antes de volverla a besar, dice:

-Pues eso.

Junta sus labios con los de Ester y empieza a desabrocharle la blusa.

martes, 28 de febrero de 2012

Vagón 42. La manta

Están desayunando como la primera vez, preparando cada una la tostada de la otra y Ester dice:

-¿Te acuerdas lo que te dije ayer sobre lo de ir a conocer gente? Podríamos empezar hoy.

-Pues cuando subí al tren y lo recorrí buscándote sin saber que te buscaba a ti vi, casi delante de todo, en el vagón 4, una anciana ciega que tejía.

-Iremos a visitarla.

Se cogen de la mano, empiezan a recorrer el tren en dirección a la máquina y, al llegar dos vagones más allá, ven al otro extremo al revisor que las está llamando. A Marta le empiezan a temblar las piernas: subió sin billete y si el revisor la echa del tren y la separa de Ester se le acaba el mundo. Llegan a la altura del revisor y éste las lleva hasta la plataforma de unión entre ese vagón y el siguiente donde nadie les puede ver ni oír:

-Señoritas, les rogaría que fueran menos escandalosas cuando están en sus asuntos.

Marta respira tranquila y promete que lo intentarán. Prosiguen su camino, llegan al vagón 4 y ven, en medio de un montón de gente de pie, a la anciana ciega sentada en un silla y tejiendo. Dicen las dos al unísono:

-Buenos días, señora.

-Buenos días. Acercaos para que os toque la cara y vea cómo sois.

Se acercan, se dejan palpar y la anciana dice:

-¿Vosotras dos sois…?

Deja interrumpida la pregunta pero Marta responde que sí.

-Pues si venís más veces a visitarme os tejeré una manta para que os cobijéis las dos.

Ester le pide permiso, le coge la labor y se sienta en el suelo a continuarla. 

sábado, 25 de febrero de 2012

Vagón 42. La rueda

El abuelo, antes de ir a echar su partida de dominó al hogar del jubilado enciende el ordenador porque quiere saber cómo le van las cosas a Marta. Busca el fichero de su convoy pero luego, como sólo recuerda que estaba en un coche cama, tiene que ir recorriendo todas las cámaras de los compartimentos hasta dar con ella. Y cuando la encuentra…

-Sí, seguro que es ella.

La reconoce por la melena rubia y por la perfección del cuerpo. Porque le está viendo la espalda y cómo hunde la cabeza entre las piernas de la otra figurita que, a su vez, asoma la cabeza entre las piernas de Marta.

El abuelo vuelve a decidir dejarlas solas, apaga el ordenador y se va a su partida pensando que cómo puede ser que figuritas tan pequeñas tengan esos ardores.

Porque Marta no se pudo contener. Al oír su nombre y los suspiros de Ester dijo:

-Me estoy muriendo de ganas.

Se puso del revés sobre el cuerpo de Ester y Ester entendió. Ahora están perfectamente compenetradas: es como una rueda de placer que sale de la lengua de Ester, atraviesa todo el cuerpo de Marta hasta su lengua y, desde la lengua de Marta, recorre luego el cuerpo de Ester hasta dar con su lengua.

Y Marta está contenta porque Ester está aprendiendo: de momento le ha clavado las uñas con fuerza; y se le está tensando el cuerpo… 

domingo, 12 de febrero de 2012

Vagón 42. Hacer amigos

Marta ha acabado gritando el nombre de Ester, dando sacudidas y retorciéndose. Por fin se ha dejado caer, se ha agarrado fuertemente al cuerpo de Ester, le ha llenado la cara de besos nerviosos y le ha dicho al oído que la quiere. A ver si aprende cómo se siente placer, piensa Marta.

Ahora Ester recoge con la lengua las gotas de sudor que le corren a Marta por el canalillo. También Ester tiene el nombre de Marta pintado en las uñas. Y Ester le aparta el pelo de la cara y dice:

-He pensado que podríamos salir a conocer a otros pasajeros del tren. Salimos a pasear y así volveremos con más ganas.

Marta, que aún no se ha recuperado, asiente. Luego Ester se tumba boca arriba y Marta, que la sabe encendida de deseo, se hace esperar. Marta se ha propuesto volver efusiva a Ester en el momento preciso y sabe que lo conseguirá hoy, mañana, pasado, cuando sea. De momento, le pone un cojín junto a la ventanilla y le pide que se tumbe boca abajo con la cabeza apoyada en el cojín.

Marta empieza a pasar la yema del dedo por la columna vertebral de Ester. Una y otra vez. Luego, un beso en cada vértebra. Hacia abajo y hacia arriba. Luego de nuevo con el dedo hacia abajo y aún más despacio. Cuando se le acaba la columna vertebral Marta sigue aún más despacio y piensa si sigue hasta tocarla ahí o no. Decide que sí y la acaricia suavemente. En ese momento Ester mueve la cadera y dice entre dos suspiros:

-Marta. 

martes, 7 de febrero de 2012

Vagón 42. En la ventanilla

El compartimento en que viajan Marta y Ester tiene tres asientos frente a otros tres; si se les levantan los reposabrazos y se mueven los seis asientos hacia adelante, quedan los tres de un lado contra los tres del otro convirtiéndose en una cama perfecta.

Ester y Marta vuelven de desayunar, corren la cortinilla de la ventana para ver el paisaje y el cristal está entelado. Ester, con una toallita de papel, lo limpia y ven que fuera vuelve a nevar.

Porque el niño, antes de acostarse, se dio cuenta de que ese tren, con su cuña quitanieves en la máquina, estaba corriendo por la zona cálida de la maqueta y, creyendo que había un error y no sospechando que había sido el abuelo quien le había variado el trayecto, lo reenvió a su espacio.

Ester y Marta se desnudan. Ester pide a Marta que se arrodille con las piernas separadas de cara a la ventanilla y que apoye las palmas de las manos contra el cristal. Luego Ester divide en dos la melena rubia de Marta y deja caer cada una de las mitades por el hombro hacia delante para que los pechos le queden cubiertos por el cabello:

-Porque, si hay alguien fuera, no quiero que te vea desnuda.

Luego Ester se tumba boca arriba y se va desplazando hasta que la cabeza le queda entre las piernas de Marta:

-Quiero que me expliques lo que ves por la ventanilla.

-Árboles cubiertos de nieve, montañas altísimas, nubes…

Mientras Ester empieza a besarla en la cara interna de los muslos.

Marta cree que Ester no es suficientemente expresiva cuando siente placer. Sabe que lo siente, sí, y mucho, pero le gustaría que, además, gritara o, al menos, suspirara.

Marta siente frío en las palmas de las manos y sigue explicando lo que ve por la ventanilla pero, como se ha propuesto demostrarle plenamente a Ester lo que es sentir placer, espera pacientemente a que Ester deje de recorrerle los muslos con los labios y la alcance plenamente con la lengua. 

viernes, 3 de febrero de 2012

Vagón 42. Bajo las mantas

Ester y Marta corren las cortinillas de la ventana para que al amanecer no les entre el sol, apagan la luz, se cubren con las mantas, se dan un besito de buenas noches y se abrazan. Unos minutos después Ester susurra algo en el oído de Marta y Marta empieza a acariciarle el vientre y a besarla en los pechos bajo la manta. Ester respira en la penumbra, sólo respira callada mientras la mano de Marta la va recorriendo. Cuando la mano de Marta baja por el muslo de Ester, Ester flexiona las piernas y las abre ofreciéndose. Marta encuentra a Ester húmeda y empieza a recorrerla despacio y suavemente. Ester aparta la manta y propone encender la luz:

-Porque mirarte a los ojos también me produce placer. Y vernos a las dos desnudas.

Encienden la luz y Marta sigue acariciando a Ester mientras se miran a los ojos.

-Bésame.

Y Marta la besa en un beso largo y sin variarle el ritmo de las caricias. Al acabar el beso Marta encuentra a Ester con los ojos cerrados. Y Ester dice:

-En cuanto abra los ojos y te vea, llegaré.

Espera un momento, abre los ojos y Marta nota en la yema del dedo todo el placer que está sintiendo Ester. Y Ester sigue derritiéndose sin otro aspaviento que una leve sonrisa.

jueves, 26 de enero de 2012

Vagón 42. El abuelo

Aprovechando que su nieto está en el colegio, el abuelo entra en el cuarto del tren eléctrico, ve todas las composiciones corriendo armónicamente y enciende el ordenador. Vagones y locomotoras tienen multitud de cámaras y micrófonos para que, desde el ordenador, se pueda saber qué hacen las figuritas de dentro.

Más de diez minutos le ha costado localizar a Marta, el último regalo que hizo a su nieto. Está tumbada en un coche cama desnuda y con la mejilla sobre el pecho de otra figurita femenina también desnuda. Si hubiera encendido el ordenador un rato antes habría visto cómo las dos se amaban dulce, lenta, intensamente…

Ahora ve que la otra figurita se incorpora y busca algo en un neceser. Marta queda tumbada boca arriba y el abuelo piensa que es preciosa. La otra figurita empieza a pintarle las uñas de las manos y el abuelo decide apagar la cámara, dejarlas en su intimidad y buscar su tren en la maqueta.

Ve cómo se desliza por un extremo y sabe exactamente en qué vagón y en qué coche están. Ve, además, que en ese lugar está nublado y nevando, piensa que las dos figuritas merecen un día radiante y vuelve al ordenador para programar los cambios de aguja necesarios para llevarlas hasta el sol.

Cuando llegan al sol Ester ha acabado de pintar las uñas de las manos y los pies de Marta. Ha escrito cada una de las letras de su nombre en cada uno de los dedos y, viendo las uñas de los pies de Marta, se puede leer claramente E-s-t-e-r:

-Para que sepas que eres mía. Al menos mientras estés en el tren.

-Pues no quiero bajarme nunca.

jueves, 12 de enero de 2012

Vagón 42. Trayectos y destinos

Marta descansa ante un café con leche en el vagón restaurante. Ha recorrido dos veces el tren de punta a punta buscando.

-Sé que hay un lugar para mí en este tren.

Marta, además de libre albedrío, tiene recuerdos. Por eso decidió tomar ese tren. Al verlo tan largo recordó los mercancías que pasaban junto al campo de su padre cuando de pequeña, en verano y libre de la escuela, iba a llevarle la merienda. Le gustaba contar los vagones.

Subió sin más al tren y, al oír el pitido del jefe de estación, se dio cuenta de que el tren no sólo la llevaría a su destino sino que dentro del tren estaba su verdadero destino. Sin embargo, debía seguir buscándolo.

Acaba su café con leche y vuelve a recorrer el tren. En dirección a la máquina y no ve nada que la llame. Vuelve hacia la cola. Uno de los últimos vagones es de coches-cama con pasillo a un lado y compartimentos cerrados al otro. Sobre la puerta de un compartimento ve una luz violácea. Llama con los nudillos y entreabre tímidamente la puerta corredera. El ruido de un aparato eléctrico se para y se oye una voz:

-Pasa, te estaba esperando.

Marta acaba de abrir la puerta y nadie en el compartimento. La voz venía de un pequeño anexo, lo justo para un cuartito de baño. El aparato era un secador y la voz, de una chica de su edad, veintipocos, que, recién salida de la ducha y envuelta en la toalla, se secaba el pelo frente al espejo:

-Me llamo Ester.

-Y yo Marta.

Ester sigue de espaldas a Marta y se miran a través del espejo. Se miran y los ojos verdes de Marta hablan con los ojos negros de Ester. Al fin Marta dice:

-Yo no lo he hecho nunca.

Y Ester responde:

-Yo tampoco.

Marta, sin dejar de mirar los ojos de Ester, le deshace el nudo de la toalla y la toalla cae dejándola completamente desnuda. Marta empieza a acariciar a Ester. Ester vuelve a darle al interruptor del aparato y sigue secándose el pelo.

viernes, 6 de enero de 2012

Vagón 42. Esperando en el andén

Era el día de su cumpleaños. El niño había abierto todos sus regalos menos uno, el de su abuelo. Sabía que, como cada año, el regalo del abuelo iba a ser el más original. Lo palpó, lo miró y remiró, arrancó despacio el papel que lo envolvía y descubrió una cajita de la casa Faller, especialista en accesorios para trenes eléctricos. La abrió y vio una figurita que se ponía en pie:

–Hola, feliz cumpleaños. Soy Marta, una muñeca a escala 1/160 de ultimísima generación. Ni siquiera tienes que preocuparte por programarme. Tengo libre albedrío.

El niño no sabe lo que es el libre albedrío aunque, como ya no es tan niño, piensa en lo que haría con la muñeca si en vez de ser a escala 1/160 fuera a escala 1/1: esa melena rubia, esos ojos verdes... La coge con sumo cuidado entre los dedos, la lleva a la esquina de su habitación donde tiene la maqueta de tren eléctrico, la deja de pie en el andén principal de una estación secundaria y se queda mirando a ver qué hace.

Marta, por su parte, mira a su alrededor y, tras tomar conciencia de su situación, busca el banco más cercano, se sienta y observa: hay un automotor de dos unidades en la vía 1 con origen en esa estación al que quedan ocho minutos para salir. Y un cercanías de dos pisos entrando por la vía 3:

–Sé que he de coger un tren y no es ninguno de ésos. Cuando llegué el que me ha de llevar a destino lo sabré. Por un pálpito o por lo que sea.