Entra en un vagón

sábado, 25 de febrero de 2012

Vagón 42. La rueda

El abuelo, antes de ir a echar su partida de dominó al hogar del jubilado enciende el ordenador porque quiere saber cómo le van las cosas a Marta. Busca el fichero de su convoy pero luego, como sólo recuerda que estaba en un coche cama, tiene que ir recorriendo todas las cámaras de los compartimentos hasta dar con ella. Y cuando la encuentra…

-Sí, seguro que es ella.

La reconoce por la melena rubia y por la perfección del cuerpo. Porque le está viendo la espalda y cómo hunde la cabeza entre las piernas de la otra figurita que, a su vez, asoma la cabeza entre las piernas de Marta.

El abuelo vuelve a decidir dejarlas solas, apaga el ordenador y se va a su partida pensando que cómo puede ser que figuritas tan pequeñas tengan esos ardores.

Porque Marta no se pudo contener. Al oír su nombre y los suspiros de Ester dijo:

-Me estoy muriendo de ganas.

Se puso del revés sobre el cuerpo de Ester y Ester entendió. Ahora están perfectamente compenetradas: es como una rueda de placer que sale de la lengua de Ester, atraviesa todo el cuerpo de Marta hasta su lengua y, desde la lengua de Marta, recorre luego el cuerpo de Ester hasta dar con su lengua.

Y Marta está contenta porque Ester está aprendiendo: de momento le ha clavado las uñas con fuerza; y se le está tensando el cuerpo… 

2 comentarios:

Pedro Luis López Pérez dijo...

A esto se le llama compenetración de las dos y discrección del abuelo, para crear este maravilloso relato de puro erotismo y sensualidad.
Un abrazo.

convoy89 dijo...

Sí, el abuelo tiene mucho tacto. Sin duda.