Entra en un vagón

domingo, 19 de febrero de 2012

Vagón Restaurante. Arabesque

Juraría que, mientras miraba absorto por la ventanilla y apuraba uno de mis últimos cigarrillos, alguien empezaba a tocar el primer arabesque de Debussy. Hubo un tiempo en que me despertaba todas las mañanas con esa música, ya en la universidad, y entonces sólo podía pensar en Elisa. Las dos del vagón restaurante también me hacen pensar en Elisa. Y la madre de los dos niños del 37. Todo recuerda a Elisa, aunque hace días que no veo su fantasma.

Al entrar en el vagón 88 he visto un hombre de hombros prominentes y brazos excesivamente largos apoyándose en las notas como un orangután se apoyaría de rama en rama. Un pasajero le miraba tocar perplejo, quizás como miraba yo antes a través de la ventanilla. Debussy solía ser magnético. Pero el pianista mueve la cabeza como si estuviese tocando Rachmaninov. Aporrea las teclas de rama en rama en lugar de acariciarlas. Elisa se ha esfumado de mi pensamiento y he tenido que salir corriendo a vomitar al baño.

2 comentarios:

Pedro Luis López Pérez dijo...

Hay Recuerdos que se hacen persistentes y pueden llegar a herir y lastimar, debido a su insistencia.
Un saludo.

convoy89 dijo...

Eso parece, Pedro Luis, nuestro chico está empezando a estar verdaderamente mal.