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sábado, 17 de marzo de 2012

Vagón 37. Nada que deba preocuparme

¿Se puede saber qué pasa? No he dejado de preguntármelo desde que se lo dije a los niños en el vagón restaurante. Los niños discutían por cosas de chicos, nada que deba preocuparme. Pero… ¿se puede saber qué pasa?

Mirando por la ventana he notado algo raro en el horizonte, como si no existiera, como si el paisaje tuviera un fin. Y he sentido una presencia. Me debo de estar volviendo loca.

Al menos en nuestro vagón vuelve a ser de día. No sé cómo ha vuelto la luz. Cuando hemos regresado todo estaba en orden. Quitaremos las estrellas de las ventanas y después las abriremos para que también entre el aire fresco, ¿o será demasiado frío para los niños?

Me parece que el tren avanza cada vez más deprisa. Y el horizonte…

¿Se puede saber qué pasa?

1 comentario:

Rosa García dijo...

Siempre hay un momento en nuestras vidas en el que parece que el horizonte se ha perdido para siempre. Pero cerca o lejos... aún sigue ahí.

Saludos