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viernes, 16 de marzo de 2012

Vagón 72. Miguel (1)

Por más empeño que pusiera no conseguía dormir. A pesar del cansancio. A pesar del agotamiento físico. Cerrar los ojos, apartar los pensamientos, dejar la mente en blanco … cualquier cosa que intentara solo conseguía empeorarlo.

Sí, la noche iba a ser horrible, como todas las noches, por otra parte.

Es curioso, hay gente a la que el monótono ruido del tren, los susurros de los compañeros de viaje, las respiraciones acompasadas y todo lo demás, llega a inducirles ese adormecimiento previo al sueño.

Pero a mí no, a mí me pone nervioso. 

1 comentario:

Rosa García dijo...

A lo mejor esperas a que algo suceda. En los trenes, a veces, pasan cosas. Y solo lo saben lo que no se duermen.
Saludos